Hace un tiempo pudimos leer en la prensa nacional la retirada de la cantante española Pastora Soler a causa de sus ataques de “miedo escénico”. La cantante declaraba: “Os hablo desde un corazón roto de dolor, de impotencia y con esta angustia que he sentido y siento y que tardaré mucho en olvidar… Como os dije anoche el respeto por mi público es lo más grande que he aprendido en estos 20 años”, empieza el comunicado de la cantante que concluye diciendo “Debí tomar la decisión de poner un punto y aparte en mi carrera hace algunos meses pero mis ganas de luchar me impulsaron a seguir… Hoy os anuncio la decisión de dejar mi actividad profesional hasta volver a recuperar la confianza en mí. Lo siento con toda mi alma”. Durante su carrera de más de 20 años sobre los escenarios, el miedo escénico había estado presente pero se fue haciendo cada vez más insostenible, hasta provocar su retirada de los escenarios.

Hay grandes artistas que han sufrido este tipo de terrores a la hora de enfrentarse al público. Sin ir más lejos, la traumatizada experiencia del pianista australiano David Helfgott, inspiraría “Shine“, un libro y posteriormente una película protagonizada por Geoffrey Rush, que narra la vida de este niño prodigio del piano y como a los 24 años tuvo que retirase de la vida artística a causa de sus ataques de ansiedad y neurosis (muy posiblemente provocados por una figura paterna hiper-exigente con su hijo).

shine
Actualmente parece que por parte de la docencia musical se han hecho grandes avances en el trato y pedagogía de esta parte de la psicología del artista, es por ello que Jean Harvey, decana de la facultad de cuerda de la Royal Academy of Music, de Londres, va por el mundo impartiendo el seminario Exploring teaching methodology in music. Actualmente se están tomando muy en serio estos bloqueos y miedos que destruyen carreras muy exitosas o arruinan las posibilidades artísticas de gran cantidad de músicos muy prometedores, para ello la pedagogía musical se centra en dar tanta importancia al estudio técnico del instrumento como al perfil psicológico del instrumentista y cómo este se va a enfrentar al su público.

Según Harvey: ” No se trata de recurrir a la brujería. Si una persona dedica su vida a prepararse para ser profesional, debe dedicarse, de forma paralela, a prepararse psicológicamente para enfrentarse al público. De otra forma, y a la mínima de cambio, el artista no podrá superar los nervios. Los síntomas de esas crisis son: fallos de memoria, mente en blanco y pánico al escenario (el stage fright). Las consecuencias: la incapacidad de volver a enfrentarse con el público.”

micro miedo escénico

Estos terrores escénicos se acrecentan si el instrumentista tiene ya problemas físicos y/o psicológicos previos y en gran cantidad de ocasiones se somatizan de manera física y visible en forma de bloqueos físicos, pérdida de vista, parálisis…También entran en este terreno psicológico que provoca el miedo escénico, todas aquellas frustraciones del aspirante a músico que finalmente ha de aceptar que no es capaz de seguir adelante con su carrera y que en muchas ocasiones ni siquiera es capaz de tocar en el ámbito privado, aunque sea lo que más desea y anhela en su vida.

Según Harvey uno de los puntos esenciales es aprender, de alguna manera, a ser frío y distante con tu público: “Existe una frialdad propia del profesional de nivel muy alto. Para conseguir mantenerse en ese nivel es imprescindible tener un tipo de frialdad que raya la crueldad. El músico necesita ser distante y debe distanciarse de los demás, sentirse diferente a los demás para lograr mantener esa distancia con el público que le permite no dejarse llevar por los nervios”.

 

nen escenari

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